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martes, 8 de julio de 2008

Ministrar al Sr...

En cambio, se acercarán para servirme los sacerdotes levitas descendientes de Sadoc, que estuvieron al servicio de mi santuario cuando los israelitas se descarriaban de mí; y se presentarán ante mí para ofrecerme la grasa y la sangre. Yo, el Señor omnipotente, lo afirmo. Sólo ellos entrarán en mi santuario y podrán acercarse a mi mesa para servirme y encargarse de mi servicio. Y cuando entren por la puerta del atrio interior, se pondrán vestiduras de lino. Cuando estén sirviendo a las puertas del atrio interior, o en el templo, no llevarán ropa de lana. Llevarán turbantes de lino sobre la cabeza, y alrededor de la cintura usarán ropa interior de lino. No se pondrán nada en la cintura que los haga transpirar.

Ezequiel 44. 15 - 18

Para comenzar anotemos que hay una pequeña y aparente diferencia entre ministrar el templo y ministrar al Señor. Muchas personas están interponiendo su mayor esfuerzo en ayudar a sus hermanos, y están laborando para salvar pecadores y administrar los negocios de la Iglesia. Pero, permítanme preguntar algo ¿Han estado buscando la forma de servirle al Señor? Lo que tienen en vista son sus compañeros alrededor suyo, o tiene en vista al Señor?

Seamos Francos. Trabajar para el Señor, indudablemente, tiene sus atractivos para la carne. Esto puede ser muy interesante, y hay quienes se emocionan cuando las multitudes se reúnen a su alrededor para oír sus predicaciones, y cuando numerosas almas son salvadas. Pero si las personas que desean ministrar tienen que quedarse en casa, ocupadas desde la mañana hasta la noche en asuntos mundanos, entonces piensa así : Cuán insignificante vida
es esta, cuán formidable sería si yo pudiera salir y servirle al Señor, si tan solo yo tuviera libertad para salir a predicar o hablar a la gente acerca del Señor. Empero, esto no es espiritual. Es apenas un asunto de preferencia natural.

OH! Si tan sólo pudiéramos darnos cuenta de que mucho del trabajo que parece que se hace para Dios no es realmente ministrar al Señor!

El Señor mismo nos ha dicho que hay una clase de levitas que están ocupados sirviendo en el templo, y en esta forma están ministrando al Señor. Pero estos levitas están sirviendo al Templo. El Servicio al templo y el Servicio al Señor se parecen mucho, tanto, que frecuentemente se dificulta establecer la diferencia entre las dos clases de obras.

Si un Israelita viene al templo y desea adorar al Señor, aquellos levitas pueden venir a su ayuda, de Paz y su ofrenda del Holocausto. Tales levitas ayudan a arrastrar la ofrenda hacia el altar, y hasta sacrificar los animales.

Ciertamente, este era un gran trabajo para estar encargado de hacerlo, reclamado a los pecadores y a los creyentes más destacados que lleguen más cerca del Señor. Y el Señor tomó en cuenta el servicio de esos levitas, quienes ayudaban a las personas a llevar hacia el altar sus ofrendas de Paz y sus ofrendas para el Sacrificio del Holocausto. Empero, el Señor dice que hacer esto no implica ministrarle a El.

Hermanos y hermanas, hay una enorme y pesada carga en mi corazón sobre lo que deben comprender acerca de que Dios está primero. El Señor necesita ministros que le ministren a El.

Lo que más temo es que muchos salen y ganan pecadores para el Señor, y logran que se conviertan en creyentes, sin ministrar al mismo Señor. Mucho de lo que se llama SERVICIO AL SEÑOR, es simplemente seguir nuestras propias inclinaciones tan activas que no podemos soportar el tener que quedarnos en nuestros hogares sino que tenemos que estar corriendo para un lado y para otro para nuestra propia satisfacción. Podemos estar sirviendo a los
pecadores y a los creyentes, pero estamos ministrando al Señor?

Tengo una amiga muy querida que está ahora con el Señor. Un día, después de haber tenido un tiempo de oración juntos, leíamos este pasaje de Ezequiel.
Ella era, mucho mayor que yo, y se dirigió a mi de esta manera, “mi joven hermano”. De esto hace unos veinte años, cuando por primera vez estudié este pasaje de a escritura. “Cómo reaccionó usted?”, le pregunté. Ella me replicó: “Tan pronto como hube terminado de leer el pasaje, cerré mi Biblia y me arrodille delante del Señor, hazme una de aquellas personas que te ministran a Ti y no al templo” podríamos nosotros orar de esta manera?

Sin embargo, que es lo que realmente se está significado cuando hablamos de servir a Dios o de servir al templo? He aquí lo que dice la palabra: “mas los sacerdotes levitas, hijos de Zadoc, que guardaron el ordenamiento del Santuario cuando los Hijos de Israel se apartaron de mi, ellos se acercarán para ministrar ante mí estarán para ofrecer me la grosura y la sangre; dice Jehová el Señor”.

Las condiciones básicas para todo ministro que verdaderamente sea llamado ministro del Señor, son acercarse al Señor y permanecer delante de El.

Cuán difícil es con frecuencia acercarnos nosotros mismos hasta su propia presencia. Nos retraemos ante la soledad y, con frecuencia, cuando nos apartamos físicamente, nuestros pensamientos se mantienen vagando, extraviados fuera del lugar.

Muchos de nosotros nos complacemos trabajando entre el pueblo, pero cuántos de nosotros nos complacemos acercándonos a Dios en el lugar Santo de los Santos y podemos hacerlo? Es solamente acercándonos a El que podemos ministrar al Señor. Llegar ante la presencia del Señor y arrodillarse delante de El por una hora siquiera, demanda toda la fortaleza que poseemos. Tenemos que violentarnos para mantenernos en esa posición. Pero cualquiera que sirva al Señor conoce l preciosidad de esos momentos, la dulzura de caminar en El y hacia El y a la media noche, de gastar una hora en oración, o de catarse para estar una hora delante de El al final del último sueño de la noche…


Fuente: Devociontotal

viernes, 16 de mayo de 2008

AGUANTA UN POCO MÁS

Se cuenta que en Inglaterra había una pareja que le gustaba visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Al entrar en una de ellas se quedaron prendados de una hermosa tacita.

“¿me permite ver esa taza”?-preguntó la señora.

”Nunca he visto nada tan fino.”






En las manos de la señora, la taza empezó a contar su historia: “Usted debe saber que yo no siempre he sido la taza que usted está sosteniendo. Hace mucho tiempo yo era sólo un poco de barro. Pero un artesano me cogió en sus manos y me fue dando forma.”






Llegó el momento en que me desesperé y le grité:” por favor..déjeme en paz..ya!”. Pero mi artesano sólo me sonrió y me dijo: ”....aguanta un poco más... Todavía no es el tiempo”






Después me puso en un horno. ¡Nunca había sentido tanto calor...! Toqué a la puerta del horno y a través de la ventanilla pude leer los labios de mi artesano que me decían:

“Aguanta un poco más.. Todavía no es el tiempo.”






Cuando al fín abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero apenas me había refrescado, me comenzó a raspar y a lijar. No se cómo no acabó conmigo. Me daba vueltas, me miraba de arriba abajo.

Por último me aplicó meticulosamente varias pinturas...Sentía que me ahogaba... “Por favor..déjeme en paz!”, le gritaba a mi artesano.

Pero él sólo me decía: “Aguanta un poco más... Todavía no es el tiempo.”






Al fín, cuando pensé que había terminado aquello, me metió en otro horno, mucho más caliente que el primero. Ahora sí pensé que terminaba con mi vida. Le rogué y le imploré a mi artesano que me sacara de ese sufrimiento. Grité, lloré; pero mi artesano sólo me decía:

“Aguanta un poco más.. Todavía no es el tiempo”






Me pregunté entónces si había esperanza... Si lograría sobrevivir a aquellos tratos y abandonos. Pero por alguna razón aguanté todo aquello.

Fue entónces que se abrió la puerta y mi artesano me tomó cariñosamente y me llevó a un lugar muy diferente.






Era precioso. Allí todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de arte. Resplandecían como sólo ocurren en los sueños. No pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en un fina tienda y ante mí había un espejo. ¡Una de esas maravillas era yo!. ¡No podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo!






Mi artesano entónces me dijo.”Yo sé que sufriste al ser moldeada por mis manos. Mira tu hermosa figura. Se que pasaste por terribles dolores, pero ahora observa tu sólida consistencia. Se que sufriste con las raspadas y pulidas, pero.. mira ahora la finura de tu presencia..!; la pintura te provocaba náuseas..¡Pero mira ahora tu hermosura! ¿Y si te hubiera dejado como estabas?”






Querido hermano que lees esta reflexión:

Eres una tacita en manos del mejor alfarero: DIOS

CONFÍATE EN SUS AMOROSAS MANOS AUNQUE A VECES NO COMPRENDAS POR QUÉ PERMITE TU SUFRIMIENTO.

AGUANTA UN POCO MÁS Y SERÁS EL HIJO/A QUE ÉL SOÑO PARA TODA LA ETERNIDAD...

“Como la arcilla del alfarero está en su mano,-y todos sus caminos en su voluntad,- así los hombres en las manos de su Hacedor”

Eclesiastés 33-13

martes, 8 de enero de 2008

Pensamientos de Einstein

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. 1 Pedro 3:18


Durante muchos meses la revista «Time» procuró determinar a quién elegiría como «la personalidad del siglo XX». Después de muchas y variadas propuestas, Einstein (1879-1955) quedó como el ilustre vencedor. Fue un investigador, recibió el premio Nobel de Fisica, fue un convicto sionista y un f ilósofo.

Una eminente personalidad dijo de Einstein: «El amplió la investigación de la humanidad acerca de un universo infinito, pero al mismo tiempo demostró que el ser humano es un ser finito». Einstein se colocaba él mismo en esta posición y hablaba de Dios con cierta humildad y temor. «Dios no juega a los dados con el universo que creó». Con estas palabras el físico se colocaba en una posición contraria a la de algunos científicos que piensan que el universo se originó casualmente del caos mediante un estallido inicial.

Ese genio de las Ciencias incluso dijo: «Por medio de las matemáticas sé que existe un Dios, pero con las matemáticas no puedo encontrar a Dios».

No sabemos si este hombre halló la paz con Dios, pero una cosa sabemos: el gran Dios todopoderoso se acerca a aquel que se inclina humildemente ante él y cree en su Hijo Jesucristo, quien fue hecho hombre y vivió en esta tierra. Al morir en la cruz por los pecados de cada persona, el Salvador nos abrió el camino hacia Dios. La fe en Jesucristo es el único medio para acercarnos a Dios y obtener la salvación y la vida eterna.

Fuente labuenasemilla.net